Bohemia

Text & Photos: Francisco Collazo
Translation: Julie Schwietert Collazo
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If I associate Mexico with the “danzon” dances in public parks on Sundays, I associate Puerto Rico with its romantic “bohemias” on Thursdays and weekends. Before, this word “bohemia” held allusions to the past. I imagined a singer in the middle of a medieval garden, singing to his lover, or an artist with his watercolors, traveling from one village to another. The way people talked about bohemians made them sound like irresponsible dreamers, lazy vagabonds. It was a word that mothers said to their daughters to discourage them from getting infatuated with a boy: “My dear, don’t get fixated on him; that kid is a bohemian!” and with that, she’d said everything. It was, in short, a bad word.

I’d never encountered a “bohemia,” besides a Cuban magazine by that same name. But in Puerto Rico, I learned that “bohemian” and “bohemia” have an entirely different meaning. A bohemia (as a noun) is a reunion of romantics who are falling in love with life for the second or third time. The majority of the people who gather at bohemias are older adults. Their children are grown and have left home. In some cases, they’re divorcees, not out to find a new marriage partner, but in search of someone with whom they can laugh, sing, and dance.

The majority of bohemias take place in cafes, bars, or restaurants, though these aren’t the only sites, just the most accessible ones. The people who attend bohemias often dress formally. Lawyers, doctors, and other professionals, often retired, all gather to present the best of their dance repertoire. Many of them sing and all of them love romantic music. The majority of the songs played at bohemias are greatest hits from the past. The singers take special requests– everyone knows every song.

There’s a difference between bohemia and a karaoke bar, and that’s the fact that there’s a pianist or a guitarist accompanying the singer. Many of the musicians have also had successful careers in the past. Now, they’re playing not for money, but for the love of music.

But don’t get the idea that bohemia is just for older people or some throwback to the past. Young people also participate in bohemias and it seems there’s a resurgence of interest in bohemias among younger age groups. The commonality is that everyone loves the music, a repertoire that’s so diverse that it often includes artists like Andrea Boccelli, Armando Manzanero, and Francisco Cespedes, among others.

The atmosphere at a bohemia is generally warm and friendly. It’s easy to talk and make friends, especially because these are places where a new face is recognized easily. The aficionados attend regularly and are ready to welcome newcomers.

Often, while I listen to the people singing at bohemias, I wonder why the singer devoted himself or herself to studying medicine or law instead of music. They might have made a career of singing. It’s easy to feel the power of music at a bohemia. I can’t decide whether the bohemias are a requiem to the past that slips away from us bit by bit or if they are a celebration of life and a reaffirmation of love, but what I know for sure is that it’s impossible not to be a bohemian when you’re at a bohemia!

TRAVEL TIP: If you’d like to participate in a bohemia in Puerto Rico, three excellent–and very different–places to experience bohemia are Amadeus Bistro Bar (Edificio Torre Chardon, Avenida Chardon #350, San Juan, 787-641-7450); Alquimia Bistro Club (located right next to the Doubletree San Juan Hotel in the Condado section of San Juan); and Diego’s (Avenida Domenech #124, Hato Rey, 787-758-0908).
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Si a México lo asocio con los bailes de danzon en los parques públicos los domingos, a Puerto Rico lo asocio por sus bohemias románticas los jueves y fines de semanas. Antes para mi esta palabra “bohemio/bohemia” tenia algo del pasado. Me imaginaba un cantante en medio de un jardín medieval cantándole a su amada, o a un artista con sus acuarelas viajando de pueblo en pueblo. De hecho siempre escuche bohemios como algo de soñadores, irresponsables y vagabundos. Era una palabra que las madres les decían a sus hijas para que no se fijasen en un jovencito: “Ay no, mi hijita… no te fijes en fulano que ese es un bohemio!” y con eso lo decía todo. Era como una palabra mala.

Nunca antes había yo encontrado una bohemia aparte de la revista cubana que creo que no existe con este mismo nombre. Aprendí todo lo contrario en Puerto Rico. Realmente es una reunión de románticos y románticas que aman la vida por segunda o tercera vez. Personas en su mayoría de edad madura, con familia ya crecidas y en algunos casos divorciados, sin ganas de casarse otra vez, pero buscando una pareja para reír, cantar y bailar. En fin un…ah, bohemio en el mejor sentido de la palabra.

Mayormente estas bohemias tienen lugar en cafés, bares o restaurantes, aunque no son estos únicos sitios, son estos los mas accesibles. Las personas se visten de modo casual, pero muchas veces elegantes. Abogados, doctores y profesionales ya retirados se encuentran entre los presentes para brindarles al publico presente lo mejor de sus repertorios. Todos cantan o son amantes de la música romántica. La mayoría de las canciones han sido grandes éxitos. Hombres y mujeres comparten el escenario y responden a peticiones por parte del publico que ya conocen sus canciones.

Lo que diferencia la bohemia de un karaoke bar es que hay un pianista o guitarrista acompañándolos. Ellos acompañan a la melodía grabada e improvisan con acordes nuevos y espontáneos. Muchas de estos músicos han tenido una carrera exitosa. Solo que ahora lo hacen por amor a la música.

Recientemente me di cuenta que ya no era una cosa del pasado y de gentes de edad media o avanzada. También la juventud esta participando masivamente en estas bohemias, haciendo de ellas un lugar para los amantes de la música y nada mas. Los temas y los artistas a imitar son tan diversos como Andrea Boccelli, Armando Manzanero, Francisco Céspedes, y otros.

Por lo general el ambiente es ameno y muy cordial. Se puede conversar y hacer amigos o amigas; estos son lugares donde las caras nuevas se reconocen fácil, porque a decir verdad hay un porciento elevado de regulares o aficionados que son muchas veces los fundadores de estas bohemias. Todos ellos forman una comunidad de personas con gustos artísticos muy similares.

Mientras escucho los temas que se cantan, me pregunto por qué el que canta decidió medicina o leyes en vez de la música? Le hubiera ido muy bien por ese camino a ella o a el. Veo y siento el profundo poder sanador de la música en todas sus manifestaciones. Están todos enamorados de algo o de alguien-me digo- es imposible no estarlo aquí y ahora! No se si estas bohemias son un réquiem al pasado que se nos va en el día a día y en lo cotidiano, o es una celebración a la vida y una re-afirmación cantada al amor. Después de todo, de una forma u otra todos somos, o hemos sido bohemios!